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¿Dónde están los cuerpos?

David Casado-Neira

Nogueira de Ramuín – Alberguería, 8 de Junio de 2022

Copyright

Leo en el periódico la noticia, el titular no me puede ser más familiar. Mi primera reacción es pensar en otro de nuestro temas de investigación recurrentes: las fosas de la Guerra Civil. A medida que avanzo en la lectura me voy sumergiendo en un relato kafkiano, por lo surrealista e hiperrealista del acontecimiento. Uno de esos momentos en los que se concentran demasiadas cosas.

Es una particularidad del sistema legal gallego, muchos de los terrenos públicos están en propiedad colectiva bajo antiguas leyes de acceso a la tierra por derecho de uso. Las “casas con fume“ [casas que humean], las que están habitadas de forma habitual,  tienen determinados derechos sobre terrenos comunales. Las prácticas y los derechos se deciden de forma colectiva sobre una propiedad que no tiene titulares particulares. Todos los habitantes de una casa son parte de la “comunidade de montes”, como se llama a esta entidad jurídica. Habitualmente son montes en producción maderera, pero también pueden ser solares, cementerios, fuentes o prados, entre otros. Ventajas: tener leña para las estufas, poder coger piñas y setas, acceder a agua potable, cobrar réditos por aerogeneradores instalados en los montes, sacar el ganado a pastar, acceder a ayudas sociales propias… Pertenecer a la comunidad de montes supone ser realmente vecino del lugar, en otras palabras ser reconocido de forma completa como “ciudadano local”. Presidir la comunidad de montes es una tarea compleja, que requiere conocer todos los entresijos de la gestión local y de las relaciones vecinales, y una posición de prestigio.

Leo: “El panteón familiar de los hermanos Cortés fue perforado por un tubo para sanear las aguas. Mientras Francisco y Guillermina se preguntan dónde están los cuerpos [de su padre y tres de los abuelos], la responsable de la comunidad de montes indica que no se hozo nada ilegal”. La salida del tubo está en el muro exterior del cementerio detrás del panteón familiar.

La comunidad de montes había decidido llevar a cabo unas obras de conducción de aguas residuales, en el proyecto de obra un tubo de desagüe atravesaría el “panteón” [realmente una tumba con una cruz y loza de granito] siguiendo el camino más corto. Francisco y Guillermina enviaron un escrito oponiéndose al proyecto, y se pusieron en contacto con el constructor para que les diesen los restos que apareciesen en las obras para cambiarlos de sitio. Una exhumación casera. Al día siguiente descubren que las obras han sido realizadas y que no hubo acuerdo mutuo. Ninguno de los dos pertenece a esta comunidad de montes, y sus muertos han perdido, por lo que parece, su estatus también de haber sido vecinos de pleno derecho.

¿Dónde están los restos? Tal vez dispersados entre la maleza al final de tubo —no es fácil de acceder el terreno está cubierto de maleza espesa y es necesario un permiso de la comunidad de montes para desbrozar—; quizá estén mezclados con la tierra que se volvió a usar en la obra a lo lardo de la instalación del tubo (fuera y dentro del cementerio); o puede que se encuentren en alguna escombrera. Una denuncia ha sido ya interpuesta ante la Guardia Civil. La excavadora fue la máquina desaparecedora.

La presidenta de la comunidad de montes declara que no se hizo nada ilegal, porque no había allí nada construido. Está de parte del constructor y declara una caza de brujas por parte de los comuneros: “La última asamblea parecía una película de Berlanga, se me echaron encima, llegué a llamar a la Guardia Civil”. Todo apunta a una chapuza, vistobuenos sobre la marcha, autorizaciones desinformadas y un proceder en las obras extremadamente pragmático. Habrá que esperar a que la investigación determine si había una tumba, si hubo restos, si hay tubo, si hubo obras autorizadas o no. En las fotografías y vídeo de la noticia se puede apreciar, por lo menos, la salida trasera del tubo del muro y la tumba con un agujero en la parte delantera y un sumidero inmediatamente antes. La postverdad acecha a los muertos.

Veremos si habrá que recurrir a la medicina forense para desentrañar este misterio de tumbas, cuerpos y tubos. Aún no se ha levantado la losa para comprobar lo que hay o no dentro, tampoco se ha inspeccionado con detalle la trasera del cementerio, aún no se ha localizado la escombrera. Tras una inspección ocular no se ven restos a simple vista. Unos metros más allá, detrás de los matorrales, hay un campo de cultivo, no sé si para patatas o maíz.