Búsqueda y desaparición

La siguiente entrada recoge la presentación de uno de los talleres que el equipo de Desapariciones organizó en el workshop “La desaparición forzada de personas. Circulación transnacional y usos sociales de una categoría del derecho humanitario”, Oñati, IISJ, julio 2017

Por Gabriel Gatti e Ignacio Irazuzta
Buscar es de las acciones más repetidamente asociadas a la desaparición, en cualquiera de sus tipos y modalidades. “Buscar” y “búsqueda” son palabras nativas. Están a la vista. En proyectos, en testimonios, en documentos, en leyes, en la materialidad simbólica de los colectivos; en los saberes expertos que se generan y regeneran en torno al mundo de desaparecidos. Profuso verbo. Puede pensarse desde muchos lugares.
Si encaramos la búsqueda conjugándola de acuerdo al tipo de agentes que la protagonizan encontraremos familiares y expertos, unos empujando el verbo a base de anhelo (“que aparezcan con vida”) y convirtiéndose por él en agentes políticos, otros implementando, cada uno en su campo, protocolos y procedimientos (gentes de derecho con habeas corpus, antropólogos forenses o arqueólogos con mecanismos para detectar restos o cuerpos o ruinas, sociólogos o antropólogos buscando vida donde no debe haberla, artistas buscando acercarse a lo profundo).
Si miramos la búsqueda de acuerdo al tipo de desaparecido, la clasificación también parecería tener sentido. La búsqueda es central en las preguntas del inicio (“¿Dónde están?), en las consignas de en medio (“Que aparezcan con vida”) y en las aspiraciones de muchos, pasado el tiempo (de cuerpos para el entierro digno y la resolución del duelo). En muchos casos el motor de la búsqueda fue el que activó el nacimiento de un actor político mayúsculo (el familiar de desaparecido, la madre sobre todo), y de un amplio espectro de gestores profesionales de la desaparición forzada, cada uno con sus técnicas de búsqueda (archiveros, arqueólogos y, fundamentalmente, el antropólogo forense). En otros casos, más recientes en el tiempo, la búsqueda, ya instalada en el mundo de la desaparición forzada como una acción mayor, define nombre e identidad incluso, como entre las Buscadoras o las Rastreadoras, en México, con todo un mundo de vida asociado a ellas (y lenguajes, actividades, instrumentos, kits). En España también centra la acción de algunos colectivos, como el de los bebés robados, que son verdaderos rastreadores en las tripas de las maquinarias de gestión estatales de la vida y la muerte (hospitales, censos, cementerios). Entre los desaparecidos ordinarios sociales, la cosa se complica quizás más —no están muertos, son, pero ni se ven, ni se escuchan, ni se sienten— pero eso no hace sino reforzar la centralidad de la búsqueda, que se declina de muchas maneras. En ellos, la búsqueda define la pregunta maestra (“¿Quién sabe dónde?”) y en varios casos (SOS Desparecidos, gestión pública de la trata) se traduce en obsesión por la procedimentalización y la tecnificación, su estandarte.
Podemos también tipificar las búsquedas de acuerdo a sus técnicas, y distinguir así, por ejemplo, entre búsquedas burocráticas (en las administraciones de justicia); de campo (forense/familiar-forense); de contexto (con elementos de la investigación policíaca y para establecer patrones de delito); individual/colectiva (personas o casos; mi desaparecido/el de todos); de desaparecidos vivos/muertos; por oficios de la academia…
Y podemos incluso considerar que búsqueda es lo que motoriza nuestro trabajo, al que la desaparición forzada reta. Entre nosotros, investigadores, la búsqueda tiene forma de interrogante epistemológico y a veces de inquietud técnica, desde la desesperación de conocer lo que sabemos que es, pero no vemos porque no sabemos cómo es, a la invención de herramientas para ver lo que no se ve; desde las de la arqueología botánica, a las técnicas estadísticas para el trabajo con poblaciones ocultas.
Fuentes
1.    Luc Boltanski, 2016, Enigmas y complots. Una investigación sobre las investigaciones. Ciudad deMéxico: FCE
2.    Ignacio Irazuzta, 2017, “Aparecer desaparecidos en el norte de México. Las identidades de la búsqueda”,en Gabriel Gatti, Desapariciones. Usos locales, circulaciones globales. Bogotá: Siglo del hombre
3.    Juan Mayorga, 2017, El cartógrafo. Madrid: Uña rota

Workshop La Desaparición Forzada de Personas: Circulación Transnacional y Usos Sociales de una Categoría del Derecho Humanitario

Por Gabriel Gatti, María Martínez, Ivana Belén Ruiz-Estramil

Entre el 13 y el 14 de julio de 2017 el equipo de desapariciones celebró su primer encuentro “de cuerpo presente” en Oñati, en el Workshop “La Desaparición Forzada de Personas: Circulación Transnacional y Usos Sociales de una Categoría del Derecho Humanitario”. El Instituto de Sociología Jurídica de Oñati hizo de inmejorable anfitrión. Las pretensiones del workshop eran esencialmente teóricas: madurar la reflexión colectiva sobre la categoría y el tipo jurídico “desaparición forzada”, sobre su circulación global, sus distintos usos locales y sus potencialidades para comprender situaciones de “catástrofe social” no necesariamente relacionadas con las que el tipo jurídico define. En ese objetivo, la reunión se organizó en una modalidad ajena en algunos aspectos a las tradiciones académicas de este tipo de eventos: no fueuna sucesión de presentaciones sino la exposición abierta de varios trabajos colectivos, también abiertos, en concreto, los asociados con cinco retos de investigación, asuntos de naturaleza diversa (desde metodológica a teórica, pasando por ética o disciplinaria)para los que la desaparición constituye un problema, y con cuatro ejes de análisisde nuestro trabajo teórico próximo, que buscará fundamentar la noción de “desaparición social”, y también sostener nuestro acercamiento futuro a los distintos terrenos donde desplegaremos nuestro trabajo de campo.“Viviendo en falta. La ausencia y la desaparición”, “La desaparición en los límites de la vida”, “Políticas de la des/aparición” y “Materialidades singulares de la desaparición” fueron los nombres que dimos al trabajo sobre los retos de investigación; “Figuras de la desaparición: ¿tipo ideal, tipo histórico, tipo jurídico?”, “La circulación de imágenes, objetos y categorías sobre la desaparición. Regresando a los tipos de desaparecidos”; “Formas de búsqueda” y “Cuentos y cuentas de desaparecidos” fueron, por su lado, los nombres de los talleres. Todos los miembros el equipo presentes en Oñati más otros que por diversas circunstancias no pudieron estar allí tomaron parte en la redacción y preparación del denso documento que sostuvo estas discusiones.

El día 14 la discusión se encaminó a discutir el trabajo del próximo año, desde cuestiones prácticasa otras más de contenido, desde los seminarios a los lugares del trabajo de campo. En la discusión y el desarrollo del trabajo se notó —y para bien— tanto la marcada diversidad regional (Estado español, Francia, Portugal, México, Colombia, Argentina, Uruguay), como disciplinaria del equipo: sociología (Gabriel Gatti, María Martínez, Ignacio Irazuzta, Silvia Rodríguez, Estela Schindel, Ivana Belén Ruiz, Iñaki Robles, Paola Díaz), antropología (David Casado, Alejandro Castillejo), psicología (Juan Pablo Aranguren, Mamen Peñaranda), filología (Jaume Peris). El trabajo desde fuera pero desde dentro de dos de los advisors del proyecto (Patricia Laurenzo y Sandro Mezzadra), así como de Ruth Mestre, investigadora visitante en el IISJ, ayudó a darle cierto cierre a las discusiones. Solo cierto, pues aún queda mucho por hacer para darle forma a la figura del “desaparecido social”.

Entre lo excepcional y lo ordinario: las formas de vida de los “sin”

Por María Martínez

A finales de abril de 2017, el periodista colaborador de El País, Manuel Jabois, publica un reportaje sobre una familia Siria huida de la guerra y asentada en un campo de refugiados en Líbano (consultable aquí). La familia sobre la que escribe este periodista es una entre las tantas, ya no de refugiados, sino entre lo que Rancière llamó hace unos años sujetos “sin parte”; en este caso dirá el periodista: “sin casa, sin ropa, sin dinero y sin pasado”, sus niños son “nacidos sin patria, sin nacionalidad”. Son sujetos que por las carencias que les han sido infligidas, se constituyen como el reverso del sujeto medio, normal si se quiere, del ciudadano, del humano pleno. Son sujetos carentes. Por tanto, sus vidas deben salirse de lo ordinario de quiénes se encuentran en la media, en la normalidad; sus vidas, por esas carencias, han de ser excepcionales. Pues, como dice el periodista, “un refugiado puede sobrevivir, pero no vivir”. No puede llevar una vida ordinaria,ha de ser excepcional.

Y lo es. En el relato del periodista, así como en el de muchos antropólogos que trabajan sobre espacios llamados de excepción —campos de refugiados (Agier, 2011), zonas de abandono (Biehl, 2005), zonas de prostitución (Molland, 2013)— se imponen las historias de la excepcionalidad de la huida, de la violencia vivida, del sufrimiento causado por esas experiencias que acaban conformando a estos individuos como sujetos sin. Sin embargo, y con un tono de cierta sorpresa en algunos casos, aquellos que se acercan desde el periodismo y desde la antropología a los espacios de vida de los “sin” encuentran allí buenas dosis de ordinariedad, incluso de banalidad. Las “casas” del campo de refugiados, de los que nos habla Jabois, parecen “casas normales”: “hay ambiente de hogar: detalles colgados de las lonas que hacen de paredes, sofás, un televisor encendido y café caliente.”. Y, sin embargo, algo chirría al periodista de esta escena. Su argumento es que esas familias proceden de un “mundo real” —el que dejaron atrás por la guerra— y ahora lo imitan en el campo de refugiados. ¿Es realmente una imitación? ¿Qué desajustes produce el habitar una imitación, una simulación? ¿Y qué sucede con quiénes nunca fueron parte de ese “mundo real”; son sus vidas absolutamente excepcionales? ¿O es, más bien, la asunción de que la excepcionalidad de esos mundos de vida anula toda posibilidad de normalidad para quienes en ellos viven? ¿No será que nos encontramos ante formas de vida que se mueven entre lo excepcional y lo ordinario?

En efecto, la ordinariedad, la normalidad, de esos espacios de excepción no es la ordinariedad de los “sujetos con parte”, pero tampoco pertenecen los “sin” a la excepcionalidad absoluta. Nos encontraríamos, sin embargo, ante un movimiento permanente y bien interesante de analizar: la construcción de normalidades, paradójicas, paradójicas puesto que se construyen en los espacios de excepción. Se parecen a nuestras ordinariedades, pero algo nos alerta de que no lo son completamente. No son tampoco imitaciones; o precisamente son esos intentos de imitación, de simulación, los que nos permiten ver ese movimiento extraño entre lo excepcional y lo ordinario. Las vidas de los “sin” son excepcionales y ordinarias al mismo tiempo.

Agencia y desaparición

por Ivana Belén Ruiz Estramil y María Martínez, con la colaboración de Gabriel Gatti

En la sesión de trabajo del equipo de investigación del 5 de junio trabajamos sobre lo que parece un oxímoron: agencia y desaparición. Los coordinadores de la sesión, Ignacio Irazuzta y María Martínez, comienzan explicando por qué el tema de la agencia y la desaparición que no es otro que las contradicciones y paradojas a las que nos enfrenta. El desaparecido originario no puede tener agencia pues carece de cuerpo que la sostenga. El desaparecido social porque es precisamente construido desde la carencia, entre otras de agencia. El trabajo se apoyó en la lectura de extractos de los siguientes textos:

  • Calveiro, P. (2004). Poder y desaparición: los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Colihue.
  • Mahmood, S. (2008). Teoría Feminista y el Agente Social Dócil: Algunas Reflexiones sobre el Renacimiento Islámico en Egipto. In L. Suárez Navaz y R. A. Hernández Castillo (Eds.), Descolonizando el Feminismo: Teorías y Prácticas desde los Márgenes (pp. 162-214). Madrid: Cátedra.
  • Peeren, E. (2014). Introduction: The Spectral Metaphor. In The Spectral Metaphor. Living Ghosts and the Agency of Invisibility (pp. 1-32). New York: PalgraveMacMillan.

De los textos destacan los coordinadores algunas líneas de reflexión sobre la agencia que bien son críticas con la noción hegemónica de la agencia, bien permiten abordar aquello que parece un imposible: la agencia de los desaparecidos. El primer texto, el de Calveiro, no habla ni directamente de agencia ni de desaparecidos, sino de “líneas de fuga” del desaparecido en situación de detención. El detenido es un sujeto ante un sistema de dominación total, el poder desaparecedor, pero en todo sistema hay líneas de fuga que le son propias. La autora propone diferentes tipos de líneas de fuga, algunas muy minúsculas, acentuando la idea de que son propias del sistema e indicando que lo central no es el resultado, sino la puesta en marcha de la acción misma. Un elemento fundamental para entender estas líneas de fuga es que el sujeto detenido es un sujeto que ha sido militante político, ejemplo paradigmático de la capacidad de acción. Por ello, aunque el texto de Calveiro abre una vía de indagación interesante, no deja de situar la agencia en actores consolidados de los que no se tiene duda su capacidad de actuar. El texto de Mahmood plantea una lectura contra-intuitiva de la agencia en base a un trabajo sobre los movimientos femeninos de la piedad en Egipto. Parte de una intensa crítica a la noción liberal de agencia que, especialmente desde los feminismos, no puede entenderse más que como transformadora —la agencia para serlo ha de transformar las normas que nos constituyen— y propone entender la agencia también como capacidad de habitar las normas. Finalmente, el texto de Peeren propone el concepto de “agencia espectral” que recoge dos sentidos de la agencia: la agencia de los espectros, pero también de los invisibles. La autora resalta la paradoja del espectro, de la agencia del espectro en la ciencia positivista, en Derrida y en Negri. En Derrida el espectro es el asedio, están en un lugar, pero no lo ocupa; se sitúa en el entre: entre la ausencia y la presencia, entre la vida y la no-vida, superando la lógica binaria occidental. En Negri, el espectro es la objetivación de la abstracción de Marx, esconde una relación de dominación. La potencialidad del espectro se encuentra precisamente en su invisibilidad; la agencia reside en la ambivalencia entre ser visible e invisible. El espectro, siguiendo a Zizek, no es del orden de la existencia ni de la inexistencia, sino de la insistencia.

En definitiva, los tres textos plantean cada uno al menos una paradoja sobre la agencia: Calveiro muestra la paradoja de la acción en condiciones de extrema dominación; Mahmood indica que la agencia no es transformadora y los problemas que tenemos con nuestras herramientas para detectar esas formas de acción; Peeren nos hace pensar en la acción desde la inexistencia, en la potencialidad del haunting de los espectros y los invisibles.

Los fragmentos de los textos abren al debate, en primer lugar, sobre la validez del concepto de agencia para pensar la desaparición. Se plantean algunas dudas en torno a esta noción, tan fuerte que se tiende a encajar el objeto en conceptos previos y cerrados. Ello es problemático y tramposo. En los trabajos sobre desapariciones, la agencia ha estado limitada a tres temas: el militante que sobrevive, que testimonia; los ex-desaparecidos que denuncian; y los movimientos sociales que se conforman en torno, en ocasiones sujetos sin agencia que se convierten en activistas. Incluso se podría incluir un cuarto tema: la sociedad misma que se activa. A partir de estas reflexiones se abre una serie de cuestiones que son de orden teórico y epistemológico, pero también metodológico: ¿estamos hablando de agencia o acción?, ¿es posible otra conceptualización de la agencia/acción más acorde con los desaparecidos?, ¿es posible la agencia de un sujeto que no sea poderoso?, ¿disponemos de las herramientas para detectar acciones que no se ajustan a la noción hegemónica de acción (racional, transformadora)?, ¿qué agencias y acciones son reconocibles y cuáles no desde nuestros marcos teóricos? En efecto, tenemos reparos con la noción de la agencia pues está pegada a un tipo de agente poderoso (i.e. movimientos sociales) y ello nos interpela a pensar qué herramientas se requieren para abordar agencias invisibles, paradójicas, espectrales.

La cuestión de si la agencia ha de ser transformadora o no ocupa buena parte del debate. Se acuerda la potencialidad de la crítica y la propuesta de Mahmood. La agencia no ha de ser sólo transformadora, ya que no todo lo que no es resistencia, es sumisión; hay muchos grises. En este sentido, se plantea que algunos teóricos —De Certeau, Ingold, Scott— pueden ayudarnos a pensar cómo la agencia no necesariamente se pliega a la dominación y no es, entonces, sólo resistencia. De Certeau es claro pues analiza a través de las “artes de hacer” lo que los sujetos hacen a pesar del disciplinamiento, de la dominación, de la sujeción. El invisible, el desaparecido, el espectro moviliza esas artes de hacer no sólo para impugnarlas o transformarlas, sino simplemente para hacer algo con ellas. La potencialidad de la agencia del invisible se halla quizás en habitar las normas, en utilizar el sistema de dominación como su fuente de acción, aunque en ocasiones articule acciones que no encajen en nuestro modelo de sentido (ej. los migrantes que se dejan morir en el mar precisamente para ser rescatados).

La pregunta que abre el texto de Peeren sobre las agencias espectrales (tanto de los espectros como de los invisibles) es especialmente pertinente para el proyecto. Aquí el desaparecido es un potenciador de agencia: es precisamente en su invisibilidad, en su espectralidad donde radica su poder. El espectro no es una unidad, no es líquido, es gaseoso, es ubicuo. Es, precisamente, en esa ubicuidad, en su inalcanzabilidad, en su estatus visible, pero inasible, en su capacidad de permear todo, pero ser impermeable en donde reside su potencia. En el desaparecido no habría tanto agencia como potencia —es el haunting, pero también en una línea más clásica el tótem de Durkheim—. O, dicho de otra manera, la potencia del espectro, del desaparecido, es un tipo de agencia indirecta: el espectro es al tiempo generador o activador de agencias (de otros). Pero el espectro, el invisible también es agente en sí mismo; su ambivalencia —presente y ausente, visible e invisible, vivo y muerto…— es la que le otorga capacidad de acción. Nos interrogamos, así, si no sería necesario distinguir entre las agencias de los que están vivos, de los que quedan tras la desaparición de otros, de las agencias de los que están al lado de los desaparecidos sociales, de los invisibles, cuyas acciones plantean la cuestión de su reconocibilidad/irreconocibilidad. Todo ello, sin olvidar también la agencia del desaparecedor. El problema, de nuevo, es de orden epistemológico, pero también metodológico: ¿disponemos de las herramientas para detectar las agencias espectrales, las acciones que escapan del modelo de acción orientada, con sentido?

En definitiva, el concepto de agencia parece limitado para abordar la desaparición, pero al hacer contrastar dos conceptos si no contradictorios, sí que entran muy intensamente en tensión —agencia y desaparición— aparecen algunos interrogantes bien interesantes; el choque de ambos habilita ciertas preguntas fundamentales. Dadas las limitaciones de este concepto, no es de extrañar que en el curso de la discusión aparezcan algunos conceptos alternativos: agencia indirecta, agencia creativa, artes de hacer, agencia espectral, soberanía, agenciamiento… En general, como vemos, la agencia para ser pensada a la par de la desaparición ha de ir siempre adjetivada, signo de sus limitaciones, pero también de la imposibilidad de escapar de ella.

 

La narrativa y la búsqueda

Por Josebe Martínez

Una de las competencias de la escritura sobre la desaparición, más allá de la terapéutica, la denuncia o la testimonial, es la de la pesquisa e investigación. Resulta un buen ejercicio de análisis comprobar las estrategias compositivas, los objetivos éticos y los sentidos humanos del tipo de novela que aborda la búsqueda de secretos o crímenes de origen social.

La literatura en el contexto mencionado se articula como un método de búsqueda, de narración de la desaparición en tres líneas diferenciadas: por una parte, la narrativa, la ficción, o el lenguaje periodístico componen una forma de contar aquello que quizás el lenguaje del científico social no puede, donde este último encuentra dificultades, ofreciendo herramientas de abordaje de la desaparición a partir de la expresión de la experiencia, o de darle forma y nombre a cuestiones que habitan en lo onírico y lo irracional.

Por otra parte, hay un lugar obvio para la literatura: mostrar la experiencia que el dato oculta al mostrarse en una estadística, valga la paradoja. Es decir, la literatura se nutre de las vivencias que no quedan expuestas al escrutinio, pero, que sin embargo han formado parte como materia que concierne al hecho. Ellas tienen en la literatura un lugar de expansión. Fuente, además, de increíbles y verídicos relatos.

Y en tercer lugar, y de forma literal, la literatura puede ejercer un trabajo particular de búsqueda, de investigación. En cuanto a literatura como método, podemos visualizar un amplio campo, fructífero también, y eficaz, convertida en un laboratorio para descubrir y hallar. Y en este sentido cabria señalar algunas claves que la caracterizan, a las que aludimos en este breve bosquejo.

Habría que contemplar, para la conceptualización de la literatura como método de búsqueda, algunas pistas sobre las motivaciones de la narrativa en el intento de investigar un crimen social. Y las claves de sus estrategias narrativas. Teniendo en cuenta que el juego entre legalidad e ilegalidad es el baremo real en el que reside la condición criminal del objetivo que se denuncia y que el público lector entiende como marco de sentido.

Cierto es que hay escritos en los que se hace mayor referencia a crímenes de origen o implicación social mientras que en otros la búsqueda se establece en base a asesinatos o desapariciones ordinarias, pero las claves de escritura siguen siendo idénticas, aunque con menor proyección redentora en las primeras.

Respecto a esto último es importante, en cuanto a estrategia narrativa, el hecho de contar con un detective o héroe ficcional y una trama policial o de misterio, teniendo la investigación real y el documento verdadero como fuentes indiscutibles del argumento.

La trama es relevante en cuanto a dispositivo literario, pero en referencia a la connotación y repercusión social, lo que ha importado a lo largo de los tiempos es, concretamente, la proyección ejemplar del detective. Elemento que parte como modelo en del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana, con la noción de sujeto individual que gana su salario haciendo el bien (Sherlock Holmes). Este simboliza el mundo burgués limpio y en búsqueda del bien asistido por la razón (contrario a toda pieza aristocrática que en sus novelas está siempre viciada o con enfermedades hereditarias incurables, y con una congénita inclinación al mal). Estos detectives se distribuyen entre los que siguen el paradigma oficial de los países en que se escriben, de héroes de una pieza afines al régimen y modélicos; o los más disentidores y complejos. La estructura del esquema novelístico sigue, sin embargo, siendo la misma: estado en orden-producción de desorden-intervención del detective-superación del desorden, restablecimiento del orden.

Así, la figura del detective que guarda en sí el peso social, es, a la vez, un recurso para la investigación, aunque no sea imprescindible para esta. Es una herramienta muy común en este tipo de literatura de búsqueda que surge casi de manera espontánea al concebir la resolución de un crimen.

En este clima de investigación o intromisión social, de conocedor, según veía Walter Benjamín al detective en la ciudad de las vanguardias, resulta interesante ver al autor detrás del relato, como investigador del mismo, como detective mismo. Y en dicho plano parece relevante la noción de “dejarse afectar” manejada en este proyecto en contextos de antropología o sociología, y que se podría considerar inevitable en este tipo de escritura donde la inmersión en la búsqueda proviene bien de un compromiso, bien de una curiosidad que, en la mayoría de los casos, sobrepasa a la persona; por ejemplo, el caso icónico de Truman Capote al que la escritura de A sangre fría, fundadora del llamado Nuevo periodismo americano, le implicó de forma terminante.

En el ámbito actual de la desaparición, la escritura trata de la búsqueda de la verdad de los hechos, del desentrañamiento de las circunstancias y la inclusión de las mismas en el complejo sociopolítico en que se produjo. Sirva de ejemplo, tomando como caso el feminicidio de Ciudad Juárez, la labor de la escritura en el contexto de desaparición, según muestra la mayoría de textos (literarios, periodísticos, fílmicos…) sobre el tema: Cosecha de mujeres de Diana Washington; Huesos en el desierto de Sergio González Rodríguez; El silencio la voz que a todas quiebra, Violencia sexista de Griselda Gutiérrez; A este lado del puente, de Isabel Vericat; Voces de mujeres, de Lilly Wolfensberger; Ciudad final, de Kama Gutier y tantos otros, así como las películas Performing the border, Señorita extraviada, La batalla de las cruces, Bajo Juárez… Performances, obras de teatro, poemas, comics… constituyen la sensibilización de un sector de la cultura, exponiendo públicamente la injusticia y la indefensión de grupos sociales desposeídos de derecho. Buscan esclarecer los hechos, y con ello interpelar al Estado. No castigan a los asesinos, esa es la labor del Estado, la cultura sólo lo interpela (como bien señala la académica nicaragüense Ileana Rodríguez).

Desde dónde se escribe, desde qué posición ideológica se aborda la búsqueda es absolutamente relevante en el objetivo del escrito: absolutamente concomitante de lo que se va a encontrar, y del cómo, el método; pero, sobre todo, de lo que se va a buscar. Este punto de partida es importante en cualquier otro nivel o campo de búsqueda (científico, forense) pero, en la escritura, la subjetividad es una parte consustancial a la creación: desde qué nociones ideológicas, dispositivos sociales, oficiales, contraoficiales trata la escritura de contribuir a la búsqueda y esclarecimiento de los hechos.

“El esclarecimiento de los hechos” es un sintagma que pertenece a nociones jurídicas y policiales, dos lenguajes ajenos a la escritura pero no a la ideología, a pesar de su condición de asepsia técnica y pacto de objetividad que se le presupone y con el que colabora la no intervención del “yo” autorial creativo que genera el mundo de la narrativa.

El periodismo en el mundo de la búsqueda, y me refiero a casos señeros como México o Colombia, es un lenguaje de la proximidad, de la inmediatez, que se nutre de los mencionados anteriormente: entra en el campo de lo policial y lo jurídico, pero se basa en técnicas narrativas en los que la autoría no está ausente. Y en las que la ideología diría que está muy presente al tratarse de aproximaciones a los hechos de primera mano y cercanas en tiempo y espacio a la noticia. Su estudio merece un estudio detallado porque es parte integrante del proceso factual de la búsqueda, y no participa del aparato ficcional que teje la narrativa.